La carrera de armamentos naval del período helenístico

El período helenístico es la época histórica que transcurre entre la muerte de Alejandro Magno en 323 a.e.c. (antes de la era común) hasta la batalla naval de Accio en 31 a.e.c. Durante este período, primero los generales del ejército de Alejandro, y más tardes sus descendientes y otros reinos de origen griego entablaron entre ellos continuas luchas en el Mediterraneo oriental en pos del control de la tierra y el mar.

En el mar, el período helenístico se caracterizó por, lo que hoy llamaríamos, una carrera de armamentos naval en la que cada estado trataba de superar a sus rivales en la capacidad y número de sus buques gracias a la innovación en el diseño naval, que permitió la aparición de las supergaleras.

¿Que es una supergalera?

Supergalera es el único término, en castellano, que he encontrado para designar las galeras mayores que un trirreme. En inglés se las denomina polyremes, que podríamos traducir como “polirremos”. Los griegos empezaron a denominar a los nuevos diseños de galeras como “cuatros”, “cincos”, “seises” y así sucesivamente hasta llegar a una increíble “cuarenta”. Estas denominaciones, junto con la conocida existencia de la trirreme de tres órdenes de remos, o tres alturas, llevó a la errónea interpretación, un tanto fantasiosa y romántica, de la existencia de galeras con cuatro, cinco y más órdenes de remos. Con la aparición de estudios más científicos, basados en la correcta comprensión de los textos griegos y latinos, y la comparación con los registros escritos y hechos conocidos sobre las galeras mediterráneas del siglo XVII y XVIII, estas ideas están totalmente descartadas.

Interpretación del siglo XIX de una “cinco”, con cinco órdenes de remos.

Hoy se acepta que “cuatros”, “cincos”, “seis” se refiere a la cantidad de remeros que manejaban los tres remos, que como máximo, había en cada lado de una bancada, es decir, “cuatros” significa que cuatro remeros manejan los tres remos, “cincos” con cinco remeros, “seises” con seis remeros, etc… La distribución de los remeros en cada uno de los órdenes, o alturas, excepto en las naves menos grandes, es algo que aún está sujeto a interpretaciones. En “cuatros” y “cincos” se acepta que los órdenes superiores son los que albergan mayor número de remeros, así en un “cuatro” estarían dispuestos, de arriba a abajo, como 2-1-1 y en un “cinco” como 2-2-1. En los “seises” la distribución sería 2-2-2.

Proa de una galera de la Isla Tiberina en Roma de la que se ha interpretado una “cinco” o “seis”

A partir de un “seis” la cosa se complica por varios motivos:

  • Colocar tres o más remeros en el orden superior hace difícil el manejo del remo para el remero situado en el extremo de la punta. Dada la inclinación necesaria para que el remo golpeé el agua, la punta superior del remo necesita realizar un movimiento circular de boga, adelante y hacia atrás, mucho más amplio, lo que implica una mayor necesidad de espacio en el banco y dificulta el manejo del remo por parte del remero, que es, precisamente el que se sitúa en esta posición, el que lo dirige y debe ser el más experimentado.
  • De las galeras mediterráneas de los siglos XVII y XVIII se conoce que el máximo de remeros colocados en un mismo remo, pero solo para un único orden de remos, es de ocho, siendo lo más habitual cinco o seis.

En consecuencia está muy sujeto a interpretación como debe entenderse el diseño de “sietes”, “ochos” y así hasta los “dieciséis”, ya que las posibles combinaciones de órdenes de remos y número de remeros son múltiples.

A partir de los “dieciséis”, y gracias al estudio de Lionel Casson, empieza a aceptarse que, en realidad, se trata de lo que hoy llamaríamos catamaranes o buques con doble casco. Lionel Casson llegó a la conclusión, un tanto lógica, que poner 16 o más remeros por orden era imposible. A partir del estudio de los textos griegos, siguió el siguiente proceso deductivo: Se tienen datos exactos del tamaño que, por lo remarcable del mismo se consideró valioso dejar por escrito, tenía el “cuarenta” construido por Ptolomeo IV. Queda bastante claro que se trataba de un buque con tres órdenes de remos, y que con la manga que se conoce, era imposible colocar 40 remeros en un solo orden de tres bancos. Finalmente hay un detalle muy importante en el texto y es que se menciona que el buque contaba con una doble proa y una doble popa. Lionel Casson llegó a la conclusión de que se trataba de un buque con doble casco, es decir, un catamarán, o bien dos buques menores ensamblados mediante una cubierta o plataforma superior para poder albergar más infanteria de marina. Sobre si este buque era útil en batalla o se trataba de un buque de exhibición no hay acuerdo.

¿A qué se debió esta carrera de armamentos?

Hay tres motivos principales claros:

  • A partir del siglo IV a.e.c las tácticas navales empezaron a cambiar y se pasó del enfrentamiento naval en el que se utilizaba el buque como un misil con el que dirigir el ariete contra el flanco enemigo, golpearlo, retirarse y atacar otro buque mientras el anterior se hundía, a otro tipo de táctica en la que el abordaje el buque enemigo era el objetivo. La opción de abordar el buque enemigo implica cargar a bordo más infantería de marina, para lo que se necesitan buques con mayor capacidad y con más remeros para moverlos.
  • La falta de remeros experimentados registrada en las fuentes griegas, debido al mayor tamaño de las flotas y cantidad de estados en liza, implica que las precisas maniobras necesarias para atacar con el ariete el buque enemigo fueran más difíciles de realizar, por lo que la opción del abordaje era más fácil para las tripulaciones inexpertas. El remero experto, conocido como “bogavante”, situado en el extremo del remo es el que dirige el movimiento del remo, el resto solo aportan potencia a la remada.
  • La cada vez mayor utilización de “armamento pesado” como ballestas y catapultas para atacar los buques enemigos a distancia implica, también, buques con mayor capacidad de carga y una cubierta mayor y, de nuevo, más remeros para manejarlos.

Si fué primero la gallina o el huevo no está claro. Probablemente los tres factores se combinaron y alimentaron unos a otros y condujeron a la aparición de las supergaleras.

¿Cómo y dónde se inició la carrera de armamentos naval?

La primera mención de un buque mayor que un trirreme que se conoce es la de un “cuatro” construido por Dionisio I de Siracusa en 399 a.e.c. Los griegos daban el crédito de la invención de los “cincos” a los cartagineses y la del “seis” al hijo de Dionisio I, Dionisio II. Es decir, de hecho las primeras supergaleras se empezaron a construir unos 50 años antes de la muerte de Alejandro, durante las guerras por el control de Sicilia entre Siracusa y Cartago. Posteriormente las múltiples guerras entre los estados sucesores del imperio de Alejandro incrementaron la velocidad de la carrera de armamentos debido a la necesidad de poseer una flota capaz de superar a la del enemigo, con lo que se llegó a las galeras conocidas como “sietes” y hasta el “dieciséis”, cada una de las cuales era mayor, disponía de mayor capacidad y necesitaba de un mayor número de remeros para su manejo. De todas formas se acepta que el navío más común en estas flotas del siglo IV a.e.c., el navío de línea, era el “cinco” o quinquerreme, tres órdenes de remeros colocados en la combinación 2-2-1, siendo el resto de buques mayores mucho menos habituales y con una función de buque insignia de la flota.

El fin de las supergaleras

Para el año de la batalla de Accio en 31 a.e.c. entre las flotas combinadas del romano Marco Antonio y la reina egipcia Cleopatra, sucesora de los Tolomeos helenísticos, y el romano Octavio, posteriormente el emperador Augusto, el mayor buque en manos de Marco Antonio era un “diez” y en manos de Octavio, un “seis”. La época de las mayores supergaleras ya había acabado, y con la hegemonía total romana en el Meditarraneo, la necesidad de estas supergaleras desapareció y con ellas el conocimiento de sus técnicas de construcción se había perdido ya en la antigüedad tardía. Hasta la aparición de los dromones bizantinos, probablemente por los mismo motivos que condujeron a la aparición de las grandes galeras helenísticas, no volverá a navegar por el mediterraneo buques de similar tamaño a las supergaleras helenísticas. Finalmente, podría considerarse que las galeazas venecianas que participaron en la batalla de Lepanto, cuya razón de ser era cargar más artillería y por tanto necesitaban de más espacio y mayor potencia de remo para desplazar el aumento del peso, son la última ocasión en que las necesidades tácticas han hecho necesaria la construcción de grandes naves propulsadas por remos.

Fuentes:

La fuente principal para el artículo es Ships and seamenship in the Ancien World de Lionel Casson publicado por The Johns Hopkins University Press en 1971 (ISBN 9780801851308), no se que exista traducción al castellano.

En castellano conozco 2 fuentes y ambas se basan en el mismo libro de Lionel Casson y en los libros de John Coates. Son Océano de Barry Cunlife, publicado por Desperta Ferro Ediciones en 2019 (ISBN 9788494954085) y el número 6 de la revista Desperta Ferro antigua y medieval Talasocracias (ISSN 977217192700400006) , artículo Del pentecóntero a los gigantes helenísticos: la evolución de la marina de guerra griega de Adolfo J. Domínguez Monedero

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